Movimientos literarios de los siglos, XVIII-XIX
Neoclasicismo
Surgió a mediados del siglo XVIII y se extendió hasta el XIX. Su principal característica es el culto a la razón como la mejor posibilidad para el avance de la humanidad. La literatura tenía un estilo didáctico y moralizador, en donde predominaban valores como la libertad y la igualdad. También se retomaron los ideales de la Antigüedad clásica como el equilibrio, la armonía y la belleza, que en los textos se tradujo en elegancia formal.
Destacan obras como El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, Las fábulas de Jean de la Fontaine y Robinson Crusoe de Daniel Defoe.
Romanticismo
Frente a la objetividad del neoclasicismo, los artistas buscaron expresar su subjetividad y emociones. Se trataba de exaltar al individuo como un ser único e irrepetible, valioso por su interioridad. Asimismo, se redescubrió la naturaleza como espacio privilegiado para el ser humano y como reflejo del estado emocional.
En las obras de este periodo predomina todo lo relativo al mundo onírico, a las fantasías y pesadillas. Ya no se trata de destacar la belleza perfecta, sino que alcanzar lo sublime. De igual manera, el movimiento se oponía al ideal de progreso que defendía la Revolución Industrial, por lo que existía una nostalgia y mirada idealizada hacia el pasado. Particularmente hacia lo nacional, por lo que se incluyeron leyendas y relatos tradicionales. A diferencia de épocas anteriores, durante el romanticismo se comenzó a forjar la idea de un artista atormentado e incomprendido por la sociedad, debido a su imaginación y creatividad.
En Alemania escritores como Johan Wolfgang von Goethe, Friedrich Hölderlin y Friedrich Schiller. Por su parte, en Inglaterra hubo un importante desarrollo de la poesía romántica con autores como Samuel Taylor Coleridge, William Wordsworth, William Blake, Lord Byron, John Keats y Percy Shelley. En el ámbito de la novela, se popularizaron las narraciones históricas de Walter Scott y Mary Shelley con Frankenstein.
Realismo
Lo principal era lograr la verosimilitud al presentar el mundo y a los personajes, a los que se conocía por un narrador omnisciente y por el uso del monólogo interior.
Sus primeros cultivadores fueron los franceses Honoré de Balzac, Stendhal y Gustave Flaubert. También se extendió a Inglaterra, donde su mayor exponente fue Charles Dickens con un marcado acento social. Por su parte, en Rusia destacaron León Tólstoi, Fiódor Dostoievski y Antón Chéjov, para quienes lo principal era expresar la dureza de su época, así como el mundo interior de sus personajes.
Naturalismo
El desarrollo científico generó un impacto en la literatura. El libro Medicina Experimental (1865) de Claude Bernard impulsó los ideales de observación e imparcialidad.
Asimismo, en aquellos años la filosofía comenzó a difundir el determinismo, corriente que consideraba que el comportamiento humano se encontraba determinado por las circunstancias sociales y la herencia biológica.
Por ello, los naturalistas intentaron hacer un estudio del individuo de su tiempo, con especial énfasis en la descripción de espacios y ambientes que influenciaban sus acciones.

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